En medio de este escenario, una iniciativa comunitaria liderada por una mujer raizal ha logrado abrir una ruta poco común para enfrentar el problema: sacar los residuos de la isla por vía aérea.
Una organización local frente a un problema estructural. Su representante legal, Lizeth Arigan Forbes, explica que desde el inicio el foco estuvo en mejorar la calidad de vida de la comunidad isleña y proteger el ecosistema del archipiélago, particularmente vulnerable por su condición geográfica.
Un punto de inflexión llegó en 2019, cuando la organización ganó un proyecto con apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para estructurar y operar una Estación de Clasificación y Aprovechamiento (ECA).
Esta estación permitió organizar, clasificar y preparar residuos aprovechables, principalmente cartón y plástico, en un contexto donde históricamente la gestión de basuras ha sido uno de los mayores cuellos de botella.
Aviones de pasajeros como ruta para el reciclaje
La respuesta llegó con una alianza poco convencional. A través de su programa Avión Solidario, Latam Airlines se convirtió desde 2019 en un socio estratégico para transportar los residuos aprovechables desde San Andrés hacia el continente. Inicialmente, la ruta se limitaba al trayecto San Andrés–Bogotá, pero con el tiempo se amplió a Cartagena, Medellín, Cali y Bogotá.
Hoy, los materiales recolectados por Schooner Bight son enviados a empresas recicladoras específicas según su tipo y destino: cartón hacia Cartagena; plástico hacia Bogotá y Cali, donde trabajan con compañías como Enka y Ecored, esta última con presencia también en Medellín y Barranquilla.
El esquema no es sencillo. Transportar residuos en aviones de pasajeros exige protocolos estrictos, coordinación logística y costos elevados que, sin el apoyo de la aerolínea, serían inviables para una organización comunitaria. Por eso, Arigan Forbes califica esta alianza como “indispensable” para la supervivencia del proyecto.
Impacto tangible, pese a las limitaciones
Aunque la cultura de reciclaje en la isla sigue siendo baja —la líder estima que apenas cerca del 2% de la población separa residuos— los resultados muestran avances concretos. Desde el inicio del proyecto, la organización ha logrado sacar más de 300 toneladas de materiales aprovechables del territorio insular.
Educación y cambio cultural como apuesta de fondo
Más allá de sacar residuos de la isla, la organización insiste en que el cambio real pasa por la educación. Antes del incendio, Schooner Bight desarrollaba procesos de sensibilización en 27 instituciones educativas, enfocándose en niños y jóvenes como multiplicadores del hábito de separar residuos desde casa.
“Los colegios son el foco principal para llegar a los niños”, explica Arigan Forbes, quien espera retomar estas visitas a partir del inicio del calendario escolar, junto con jornadas en jardines infantiles, entidades públicas y comunidades.
El contexto hace que este esfuerzo sea aún más relevante. San Andrés tiene entre 80.000 y 100.000 habitantes, cifra que se incrementa con la población flotante de turistas. Todo lo que entra —alimentos, bebidas, empaques— termina convertido en residuos que, en su mayoría, permanecen en la isla. “Estamos en una isla donde todo entra, pero nada sale. Los únicos que hacemos ese proceso de sacar materiales somos nosotros”, resume la líder comunitaria.

