El desafío y manejo de la salud intestinal en una era sin antibióticos

Los trastornos de la salud intestinal, en particular la coccidiosis y la disbiosis, representan uno de los principales desafíos para la producción avícola a nivel mundial. Estas afecciones impactan directamente la rentabilidad de las granjas debido a la reducción del crecimiento, una menor eficiencia alimentaria y el aumento de los costos asociados a tratamientos y manejo sanitario.

La reducción progresiva en el uso de antibióticos promotores del crecimiento ha obligado a la industria a replantear sus estrategias de manejo. En ausencia de estos antibióticos de uso rutinario, las aves se vuelven más susceptibles a enfermedades entéricas y al crecimiento excesivo de bacterias patógenas, lo que incrementa la incidencia de enteritis necrótica y otros trastornos intestinales que comprometen el rendimiento de la parvada.

Ante este panorama, los productores han adoptado un enfoque integral de la salud intestinal, basado en la combinación de una bioseguridad reforzada, programas de vacunación específicos, formulaciones nutricionales optimizadas y el uso estratégico de suplementos en agua y alimento. El monitoreo regular del estado intestinal se ha vuelto esencial para permitir intervenciones tempranas, reducir la necesidad de antibióticos terapéuticos y maximizar la efectividad de las medidas preventivas. Este enfoque proactivo es hoy un componente clave para mantener sistemas avícolas productivos y sostenibles.

El sistema digestivo del pollo de engorde

El tracto digestivo del pollo de engorde presenta una estructura especializada que le permite procesar y absorber grandes volúmenes de alimento, en línea con su selección genética para altas tasas de crecimiento. Está compuesto por el buche, que actúa como reservorio temporal; el proventrículo, donde se secretan ácidos y enzimas digestivas; la molleja, encargada de la molienda mecánica del alimento; el intestino delgado, principal sitio de digestión y absorción; y un intestino grueso particular, conformado por los ciegos y el colon, donde ocurre la fermentación de la fibra y la reabsorción de agua.

Un elemento clave es el microbioma intestinal, dominado por los filos Firmicutes, Bacteroidetes, Proteobacteria y Actinobacteria, el cual desempeña un papel fundamental en la digestión, la función de barrera intestinal y la respuesta inmune. La cloaca constituye la abertura común por la cual se eliminan los desechos digestivos, urinarios y reproductivos.

Indicadores de mala salud intestinal

La mala salud intestinal puede identificarse fácilmente durante la rutina diaria en el galpón. La cama húmeda, los excrementos anormales y la dermatitis de las almohadillas plantares son indicadores directos de alteraciones digestivas. Cuando la función intestinal se ve comprometida, disminuye la absorción de agua, produciendo excretas más líquidas que deterioran rápidamente la calidad de la cama.

La condición de la cama funciona como un sistema de alerta temprana, ya que los cambios en su humedad suelen preceder a signos clínicos más severos. Asimismo, la observación sistemática de las excretas permite identificar problemas digestivos específicos. La dermatitis de las almohadillas de los pies, causada principalmente por el contacto prolongado con cama húmeda e irritante, se ha convertido en un método práctico y no invasivo para evaluar la salud intestinal general de la parvada. La intervención temprana ante la aparición de estas lesiones ayuda a prevenir pérdidas productivas y mejora el bienestar animal.

Trastornos intestinales más comunes

Los trastornos intestinales en pollos de engorde pueden tener orígenes infecciosos y no infecciosos, y con frecuencia ambos interactúan. Factores nutricionales como cambios bruscos en la dieta, exceso de carbohidratos fermentables, presencia de factores antinutricionales, micotoxinas, estrés por manejo, hacinamiento, condiciones climáticas adversas y problemas en la calidad del agua pueden comprometer la integridad intestinal y facilitar la invasión de patógenos.

Entre los patógenos de mayor relevancia se encuentran:

  • Enterococcus cecorum, que ha emergido como un problema importante tras las restricciones en el uso de antibióticos. Produce cojeras, osteomielitis y espondilitis, con impactos significativos en mortalidad y rendimiento, especialmente en aves de 2 a 6 semanas de edad.
  • Escherichia coli (APEC), responsable de la colibacilosis, asociada a inmunosupresión y estrés, con pérdidas económicas por mortalidad, menor crecimiento y decomisos.
  • Coccidiosis, causada por especies de Eimeria, considerada una de las enfermedades más costosas de la industria avícola. Provoca daño intestinal, mala absorción de nutrientes y favorece infecciones bacterianas secundarias.
  • Clostridium perfringens, agente causal de la enteritis necrótica, que puede presentarse de forma aguda o subclínica y genera pérdidas millonarias a nivel global.
  • Salmonella y Campylobacter, patógenos de gran importancia en salud pública, generalmente asintomáticos en las aves, pero críticos para la inocuidad alimentaria y el acceso a los mercados.

 

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