La cojera se define como la “incapacidad de caminar normalmente” y afecta a los pollos de engorde en mayor proporción que a otros sistemas de producción avícola. Su manifestación se vuelve más evidente hacia las últimas semanas del ciclo productivo, con una prevalencia que oscila entre 19% y 27.6% (FAO, 2013; Wilcox et al., 2024).
Este problema representa una de las principales preocupaciones en términos de bienestar animal, ya que está asociado a dolor, limitación funcional y alteraciones conductuales. Además, impacta negativamente el crecimiento de las aves y, en consecuencia, reduce la rentabilidad de los sistemas productivos (Granquist et al., 2019).
Desde el punto de vista sanitario, la cojera puede estar relacionada tanto con causas infecciosas como no infecciosas, y sus efectos se reflejan en menor uniformidad de la parvada, compromiso inmunológico y pérdidas productivas a lo largo del ciclo.
Principales causas de la cojera en pollos de engorde
De acuerdo con la FAO (2013), las causas de la cojera pueden agruparse en dos grandes categorías:
- Causas infecciosas
Incluyen procesos bacterianos que afectan huesos, articulaciones y tejidos blandos, como osteomielitis, artritis séptica y tenosinovitis.
- Causas no infecciosas o relacionadas con el desarrollo
Asociadas al rápido crecimiento, desbalances nutricionales, mala calidad de la cama, densidad elevada, estrés térmico y alteraciones metabólicas que afectan huesos y articulaciones.
Ambos grupos pueden coexistir dentro de una misma parvada y potenciar sus efectos negativos.
Consecuencias sobre el bienestar animal
Desde la perspectiva del bienestar, la cojera limita la capacidad de las aves para realizar comportamientos esenciales, como llegar al comedero y bebedero, desplazarse, forrajear, acicalarse o evitar estímulos aversivos (Granquist et al., 2019; Gocsik et al., 2017).
Estas limitaciones están asociadas a procesos dolorosos, evidenciados principalmente por la reducción del movimiento y cambios conductuales (Nääs et al., 2009). Muchas formas de cojera presentan componentes inflamatorios y/o necróticos (Caplen et al., 2014), lo que refuerza su asociación con dolor crónico.
Impacto productivo y económico
Las consecuencias económicas de la cojera son significativas. Se ha reportado una relación negativa entre la presencia de cojera y el peso final, así como un aumento de la mortalidad y la necesidad de eutanasia durante la producción (Gocsik et al., 2017).
La mortalidad asociada a cojera puede variar entre 0.8% y 3% (Verma, 2006). En cuanto al rendimiento, Almeida-Paz et al. (2019) encontraron diferencias de hasta 853 g de peso vivo en aves con gait score 2, así como una reducción de 200 g en el peso de la pechuga. Además, lesiones asociadas a cojera pueden incrementar los decomisos en planta hasta en 5.2% (Granquist et al., 2018).
Evaluación de la cojera en granja
La Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA), en el Código Sanitario para los Animales Terrestres (2024), reconoce los problemas de marcha en pollos de engorde y recomienda el uso de sistemas de puntuación para su evaluación.
Entre los más utilizados se encuentran:
- Welfare Quality®: escala de gait score de 0 a 5, donde 0 representa una marcha normal y 5 la incapacidad total de movimiento.
- Broiler Welfare Guidelines and Audit Checklist (NCC): escala de 0 a 2, donde 0 indica locomoción normal y 2 aves que no pueden caminar o requieren apoyo de las alas.
Estos métodos son ampliamente utilizados tanto en investigación como en evaluaciones de campo, aunque existen otras herramientas complementarias para una evaluación más detallada.
Estrategias y alternativas para reducir la cojera
Diversas estrategias han sido propuestas para mitigar la incidencia de cojera:
Selección genética
Líneas de crecimiento más lento presentan menor incidencia de lesiones podales y de corvejón. Kjaer et al. (2006) reportaron hasta 44% de lesiones podales y 88% de lesiones de corvejón en líneas de rápido crecimiento, mientras que no se observaron lesiones en líneas de crecimiento lento. Sin embargo, estas estirpes aún no han sido adoptadas ampliamente por limitaciones productivas (Nicol et al., 2024).
Manejo ambiental
Factores como humedad, ventilación, densidad y calidad de la cama influyen directamente en la aparición de cojera. Ambientes con menos del 30% del tiempo en confort térmico y densidades de 20–25 kg/m² pueden presentar incidencias de cojera de hasta 25% (Tullo et al., 2017).
Nutrición
La suplementación adecuada de vitamina D3 (69 g/tonelada) ha demostrado reducir malformaciones óseas (Nääs et al., 2012). Asimismo, el balance correcto de minerales como calcio (0.98%), fósforo (0.69%) y manganeso (40 mg/kg) es fundamental para la salud locomotora (Liu et al., 2023; Xu et al., 2021).

