La coccidiosis es una enfermedad infecciosa causada por protozoos del género Eimeria, específicos del huésped y con ciclo de vida directo. Las aves se infectan al ingerir ooquistes esporulados presentes en el ambiente del gallinero. Una vez en el organismo, los parásitos invaden las células epiteliales del intestino, donde se multiplican y provocan daños significativos.
La gravedad de la enfermedad depende principalmente de la cantidad de ooquistes ingeridos, es decir, de la presión de infección existente. Los sistemas intensivos de producción favorecen la reproducción del parásito, lo que convierte a la coccidiosis en un problema permanente para la industria avícola. Por esta razón, su control requiere atención constante, mediante el uso de anticoccidiales o programas de vacunación.
A nivel mundial, se estima que la coccidiosis clínica afecta al 5% de la producción avícola, mientras que la forma subclínica alcanza aproximadamente el 20%, lo que demuestra su impacto continuo en los sistemas productivos.
Vacunación contra la coccidiosis
La vacunación es una práctica estándar en reproductoras y ponedoras, especialmente en sistemas alternativos. Se basa en el uso de vacunas vivas, que permiten un contacto controlado con las diferentes especies de Eimeria, generando inmunidad con un daño intestinal mínimo.
En pollos de engorde, especialmente en aquellos sacrificados a edades tempranas, la vacunación tiene como principal objetivo restaurar la sensibilidad de las cepas de campo a los anticoccidiales. Además, las exigencias comerciales relacionadas con programas como ABF y NAE han impulsado el uso de vacunas en este segmento.
El éxito de la vacunación depende principalmente de dos factores: la correcta ingesta inicial de la vacuna y el adecuado ciclo posterior del parásito en el ave. Por ello, es fundamental prestar especial atención al proceso de aplicación y al manejo posterior.
Aplicación en planta de incubación
La administración suele realizarse mediante aspersión sobre los pollitos, ya sea en planta de incubación o al ingreso al galpón. Aunque la aplicación individual garantiza mayor precisión, su uso es limitado por razones operativas.
Para asegurar una vacunación efectiva, es indispensable:
- Mantener la vacuna entre 2 °C y 8 °C durante su transporte y almacenamiento.
- Preparar la dilución según las indicaciones del fabricante, utilizando preferiblemente agua destilada.
- Mezclar adecuadamente la solución para evitar la sedimentación de los ooquistes.
- Aplicar gotas de tamaño adecuado (≥100 μm) que estimulen el acicalamiento.
- Garantizar una distribución uniforme en cada caja de pollitos.
El acicalamiento es un paso clave, ya que la inmunización ocurre cuando las aves ingieren las gotas al limpiarse entre ellas. Para favorecer este proceso, se requiere buena iluminación, temperatura adecuada y un tiempo mínimo de secado antes del transporte.
Ciclo de la vacuna
Las vacunas vivas necesitan replicarse en el intestino para inducir una inmunidad sólida. Cada especie de Eimeria se multiplica en zonas específicas del tracto digestivo, generando nuevas formas del parásito que son reingeridas por las aves.
Se ha demostrado que son necesarios dos o tres ciclos de replicación para consolidar la inmunidad, lo que resalta la importancia de permitir el adecuado desarrollo del ciclo vacunal en la granja.
Manejo en la granja
Para favorecer el éxito del programa de vacunación, se recomiendan las siguientes medidas:
Preparación del gallinero:
Debe eliminarse cualquier residuo de alimento o agua con medicamentos o anticoccidiales, ya que pueden inactivar la vacuna. Durante las primeras semanas posteriores a la vacunación no deben utilizarse productos que afecten su eficacia.
Ambiente:
La temperatura, humedad y calidad del aire son fundamentales. Se recomienda una humedad en la cama cercana al 60%, temperatura mínima de 25 °C y condiciones que favorezcan la esporulación de los ooquistes. Estas variables permiten el adecuado contacto entre las aves y la vacuna.
Monitoreo:
Es indispensable realizar seguimiento mediante necropsias o recuentos de ooquistes (OPG). Tras la vacunación, se esperan valores elevados de OPG, lo cual indica que el ciclo se está desarrollando correctamente. Las lesiones deben ser leves y desaparecer de forma temprana.
Cualquier desviación debe ser reportada para realizar ajustes oportunos.
La vacunación contra la coccidiosis en pollos de engorde es una estrategia cada vez más utilizada en la producción moderna. Su éxito depende de una correcta aplicación, un manejo adecuado y un seguimiento constante que permita el desarrollo completo del ciclo vacunal.
Un control deficiente puede provocar coccidiosis clínica, caracterizada por diarrea, heces sanguinolentas, mayor mortalidad y bajo rendimiento. Asimismo, la forma subclínica genera pérdidas silenciosas en crecimiento y conversión alimenticia.
Por lo tanto, una correcta implementación de los programas de vacunación es clave para proteger la salud intestinal, optimizar la productividad y garantizar la sostenibilidad del sistema avícola.

