La nutrición animal ha alcanzado en los últimos años niveles de mejora que se han traducido en excelentes resultados productivos en la mayoría de las especies. Una nutrición adecuada, acompañada de un manejo apropiado, una sanidad controlada y una buena genética, ha permitido optimizar la producción. Sin embargo, este avance también ha hecho visibles otros factores limitantes que antes no eran observados y que hoy impactan de manera directa la actividad.
Entre estos nuevos desafíos se encuentran las micotoxinas, que por razones económicas y de salud pública han adquirido una importancia creciente. La presencia de micotoxinas en las materias primas no es homogénea y, en la mayoría de los casos, se encuentra en menos del 0,001 % de los granos. Estas concentraciones se expresan en partes por billón (ppb) o por millón (ppm); en el caso del maíz, por ejemplo, puede equivaler al peso de un solo grano en una masa total de aproximadamente 350 toneladas. Esta distribución tan baja y dispersa representa un problema no resuelto en el diagnóstico preciso de las micotoxinas.
Etapas de muestreo
El muestreo puede realizarse en distintos momentos entre la cosecha y la producción de alimento balanceado.
En el momento de la cosecha, la ventaja principal es obtener información anticipada que permita decidir con suficiente antelación el destino de los cereales. Sin embargo, la necesidad de métodos analíticos ultra rápidos limita su aplicación, salvo en productos de alto valor añadido.
En la unidad de recepción del grano, el uso de caladores manuales es el método más habitual, especialmente en pequeñas unidades. Es esencial realizar la toma en al menos seis a diez puntos, según el tamaño del camión, distribuidos de forma uniforme a lo largo de la carga. En el caso de caladores neumáticos, se deben seguir las mismas reglas.
Durante la descarga en plataformas, el muestreo presenta ventajas como mayor uniformidad, ya que el material está en movimiento, pero también inconvenientes: la dificultad de separar lotes descargados en la misma cisterna y el alto costo cuando el número de descargas es elevado.
En las unidades de almacenamiento, el muestreo en silos mediante sonda neumática permite recoger muestras de todos los perfiles. Esta práctica ofrece información anticipada para una mejor asignación de materias primas y ajustes de la matriz nutricional.
Análisis y control
Tan importante como el muestreo es definir la frecuencia de los análisis. Para una correcta monitorización, debe establecerse al menos una muestra diaria y un mínimo de cinco muestras semanales para calcular la contaminación media y el porcentaje de positividad. Con esta información se construye el Riesgo de Micotoxinas (RM), basado en un histórico que permita identificar tendencias y puntos críticos.
Los métodos de diagnóstico más utilizados son los kits ELISA y la cromatografía líquida de alta eficiencia (HPLC). Los kits ELISA son frecuentes en la vigilancia de rutina por su bajo costo, facilidad de uso y posibilidad de análisis in situ, pero sus resultados son aproximativos y se recomiendan principalmente para materias primas. Para decisiones más precisas, se emplean métodos cromatográficos avanzados como la cromatografía líquida acoplada a espectrometría de masas (LC-MS/MS), preferiblemente bajo normas internacionales acreditadas.
Aplicación de la información
Los resultados obtenidos permiten construir la curva de Riesgo de Micotoxinas (RM), que considera la intensidad de la contaminación (promedio semanal en ppb), la positividad (porcentaje semanal) y el factor de muestreo. El seguimiento durante al menos seis meses facilita la observación de variaciones y tendencias.
El RM determina el nivel de presión micotoxicológica al que está sometida la producción de la fábrica y sirve como parámetro para la toma de decisiones, como el uso de Aditivos Anti-Micotoxinas (AAM) evaluados como eficaces. El límite aceptable de RM dependerá de la realidad de cada fábrica, las especies animales, la fase productiva, la nutrición, la genética, la salud y la gestión.
En conclusión, el control de micotoxinas exige un enfoque integral que combine muestreo riguroso, frecuencia adecuada de análisis y aplicación estratégica de la información. Solo así es posible reducir la incertidumbre, proteger la productividad y garantizar la seguridad en la alimentación animal.

