Por qué la voz del pollito importa: bases científicas de la bioacústica aviar

En la avicultura moderna, el monitoreo ambiental se ha convertido en una práctica habitual. Sensores registran temperatura, humedad relativa, CO₂, amoniaco, velocidad del aire e intensidad lumínica. Sin embargo, medir el “confort ambiental” no siempre equivale a medir el “confort animal”. Esta diferencia marca un punto crítico en la gestión del bienestar: podemos tener parámetros técnicos dentro de rangos aceptables y, aun así, aves en situación de estrés

Con frecuencia se aplica una visión antropomórfica del bienestar, interpretando el estado del animal desde una perspectiva humana y priorizando conceptos como felicidad, aburrimiento o estrés según nuestra propia experiencia. Esta aproximación puede conducir a errores de interpretación y decisiones inadecuadas. En contraste, la visión zoocéntrica evalúa el bienestar desde la perspectiva del propio animal, considerando las cinco libertades: buena nutrición, buen entorno, buena salud, buen comportamiento y adecuado estado mental.

En este contexto, la bioacústica aviar emerge como una herramienta capaz de evaluar el bienestar desde la “voz” del ave. Gracias a los avances en dispositivos IoT, big data e inteligencia artificial, hoy es posible registrar e interpretar en tiempo real las vocalizaciones emitidas por pollitos y pollos, transformando el sonido en un indicador directo del estado interno del animal. Esta tecnología ya se aplica en grandes integraciones avícolas en España, demostrando que no se trata de una proyección futura, sino de una realidad productiva.

Del ambiente a la señal centrada en el animal

A diferencia de los sensores tradicionales, las vocalizaciones constituyen un indicador basado en el animal (animal-based indicator). Un termómetro puede registrar 32 °C en la caja de un pollito de un día, pero no detectará una corriente de aire a ras del suelo que genere efecto “wind chill”. El pollito, en cambio, sí lo manifestará mediante cambios en su patrón vocal. Lo mismo ocurre con el manejo: el estrés por manipulación no queda reflejado en los sensores ambientales, pero sí en la comunicación acústica del ave.

Desde el punto de vista etológico, el pollito es una especie nidífuga y altamente social cuya supervivencia depende de la comunicación constante, ya sea con la madre en estado natural o con el grupo en sistemas de producción intensiva. Sus vocalizaciones no son ruido aleatorio; son señales codificadas que transmiten información precisa sobre su estado fisiológico y su nivel de bienestar. En sistemas productivos, el análisis no se centra en individuos aislados, sino en patrones grupales, evaluando cómo varían las vocalizaciones del lote frente a cambios ambientales o de manejo.

Interpretar correctamente el “pío pío”

En términos prácticos, pueden distinguirse dos grandes categorías acústicas:

  1. Llamadas de placer o contacto (pleasure/contact calls).

Son vocalizaciones de baja energía, con duración entre 0,2 y 0,4 segundos y baja frecuencia de repetición. Se producen cuando el ave se encuentra en confort térmico, alimentándose o explorando. Presentan un ancho de banda estrecho y en espectrogramas aparecen como pequeñas marcas de baja intensidad.

  1. Llamadas de ansiedad o malestar (distress calls).

Funcionan como señal de alarma. Son de alta energía, muy cortas (<0,2 segundos), repetitivas y con elevada frecuencia de repetición. Su rango puede situarse entre 2,5 y 4,5 kHz según la edad del ave. Estas vocalizaciones se asocian a factores estresantes como frío, hambre, dolor o aislamiento social.

La literatura científica respalda el valor diagnóstico de estos patrones. Investigaciones como las de Curtin et al. (2014) describen que el aumento en la tasa de repetición de llamadas por unidad de tiempo es un indicador fiable de estrés. Estudios más recientes, como los de Collins et al. (2024), muestran que pollitos aislados vocalizan con mayor intensidad, duración y entropía espectral que aquellos que mantienen contacto visual con otros, incluso mediante reflejos en espejo. Esto confirma que el aislamiento social genera un estrés significativo, con implicaciones metabólicas y productivas.

Bioacústica y ganadería de precisión

Dentro del enfoque de Precision Livestock Farming (PLF), la bioacústica representa una herramienta innovadora, no invasiva y continua para la monitorización del bienestar. Al no requerir contacto físico, evita alterar el comportamiento natural y proporciona datos más fiables. Además, permite generar alarmas tempranas cuando aumentan indicadores como la tasa de llamadas de disconfort o la frecuencia global de vocalización del lote.

La detección precoz de desviaciones en estos parámetros puede revelar problemas subyacentes antes de que impacten en indicadores productivos como el índice de conversión o la mortalidad. De esta manera, la voz del pollito se convierte en un sistema de alerta temprana altamente sensible, aplicable en la planta de incubación (nacedoras y salas de expedición), durante el transporte y en granja.

Hoy, la tecnología necesaria para procesar y analizar estos datos en tiempo real está disponible a costos accesibles para la industria. El cambio de paradigma ya no consiste únicamente en medir el ambiente, sino en escuchar directamente al animal. La bioacústica permite transformar el sonido en información objetiva, situando al ave en el centro del sistema de monitoreo y reforzando una producción más precisa, eficiente y alineada con el bienestar real.

Amplíe la información aquí:

Temas relacionados

Aún no hay artículos relacionados