La Organización Mundial de Sanidad Animal plantea un cambio de enfoque en el control de la Influenza Aviar de Alta Patogenicidad, promoviendo la vacunación como una herramienta complementaria dentro de estrategias sanitarias integrales. Este posicionamiento responde a la persistencia global del virus desde 2021 y al alto costo productivo asociado a las medidas tradicionales, basadas principalmente en el sacrificio sanitario de parvadas infectadas.
Desde el punto de vista técnico, la vacunación no se propone como sustituto de la bioseguridad ni de la vigilancia epidemiológica, sino como un componente adicional que puede contribuir a reducir la carga viral, la diseminación del patógeno y las pérdidas productivas. La OMSA reconoce que, bajo sistemas adecuados de monitoreo y control, el uso de vacunas no compromete el estatus sanitario de los países, lo que representa un avance importante en términos regulatorios.
Sin embargo, la adopción de esta estrategia enfrenta limitaciones relevantes, especialmente en el ámbito del comercio internacional. Persisten restricciones por parte de algunos países importadores, asociadas al riesgo percibido de circulación viral en poblaciones vacunadas. La OMSA señala que, si bien ciertas medidas pueden estar justificadas, otras resultan desproporcionadas y constituyen una barrera para la implementación de programas más sostenibles.
En este contexto, el organismo trabaja en la definición de criterios técnicos que permitan garantizar el comercio seguro de productos avícolas provenientes de sistemas donde se utilice la vacunación. El objetivo es equilibrar la gestión del riesgo sanitario con la viabilidad económica del sector, en un escenario donde la influenza aviar ha dejado de ser un evento esporádico para convertirse en un desafío estructural de la producción avícola global.

