Las primeras semanas de vida de las pollitas representan una etapa determinante para su futuro desempeño productivo. Aunque la ganancia de peso absoluta es menor que en etapas posteriores, el crecimiento porcentual durante este período es especialmente elevado, por lo que las aves enfrentan importantes demandas metabólicas para alcanzar las metas de desarrollo.
Lograr los pesos corporales establecidos durante las diferentes fases de levante permite que las pollitas tengan mejores condiciones para expresar su potencial genético en la etapa adulta. Por el contrario, las interrupciones del crecimiento pueden limitar el desarrollo de órganos y reservas corporales necesarias para sostener una producción elevada durante la postura.
Durante la primera semana, uno de los principales objetivos es que el ave duplique su peso inicial. Para lograrlo, la recepción, la bioseguridad, el ambiente, el acceso al agua y alimento y el manejo general del lote requieren especial atención. Hacia la quinta semana, la pollita puede alcanzar aproximadamente diez veces su peso inicial y completar su emplume, convirtiendo este período en una etapa clave para establecer las bases de la futura ponedora.
Un buen comienzo depende del ambiente
Durante los primeros días, es necesario proporcionar condiciones ambientales adecuadas que permitan a las aves mantener su temperatura corporal y destinar los nutrientes al crecimiento.
La temperatura debe monitorearse a la altura de las pollitas y acompañarse de la observación de su comportamiento. El uso de termo-higrómetros permite realizar un seguimiento más preciso de las condiciones del galpón.
La humedad también requiere atención. Tanto niveles demasiado bajos como excesivamente altos pueden afectar el confort de las aves y las condiciones de la instalación. Una humedad insuficiente puede favorecer la deshidratación, incrementar el polvo y afectar el emplume, mientras que un exceso de humedad puede deteriorar la calidad de la cama y favorecer la acumulación de amoníaco.
Por esta razón, temperatura, humedad y ventilación deben manejarse de manera conjunta, ajustándose de acuerdo con las condiciones del lote y del galpón.
Agua y alimento: prioridades desde el primer día
El consumo temprano de agua y alimento es fundamental para estimular el desarrollo del sistema digestivo y favorecer el crecimiento. Durante esta etapa, cualquier factor que limite el consumo puede repercutir sobre la ganancia de peso y la uniformidad.
La alimentación debe adaptarse a las necesidades de cada fase. El uso de alimentos preinicio durante las primeras semanas permite cubrir las demandas de las aves en esta etapa, mientras que posteriormente se realiza una transición gradual hacia el alimento de inicio.
La granulometría también es importante. Un alimento con partículas adecuadas facilita el consumo y favorece el desarrollo de la molleja. Asimismo, los repartos frecuentes de alimento pueden estimular el consumo y ayudar a mantener una distribución adecuada de los nutrientes dentro del lote.
El acceso al alimento debe revisarse tanto en sistemas de crianza en piso como en jaulas, asegurando que todas las aves puedan consumirlo sin competencia excesiva.
El agua y el manejo de los bebederos
La disponibilidad de agua debe garantizarse desde la llegada de las pollitas. En sistemas con bebederos de niple, durante los primeros días es importante facilitar que las aves identifiquen el punto de agua y puedan consumirla fácilmente.
La altura y posición de los niples deben ajustarse conforme las aves crecen, de manera que todas puedan acceder al agua sin dificultad. También es importante controlar la presión y realizar el purgado de las tuberías para mantener el agua fresca y en buenas condiciones.
Una deficiencia en el acceso al agua puede afectar directamente el consumo de alimento y, por consecuencia, el crecimiento del lote.
Espacio y densidad: factores relacionados con la uniformidad
A medida que las pollitas crecen, sus necesidades de espacio aumentan. Por ello, las ampliaciones deben realizarse de manera planificada y acompañarse del incremento correspondiente de comederos y bebederos.
Una densidad excesiva puede aumentar la competencia por alimento y agua, afectar la uniformidad y favorecer problemas relacionados con el picaje, la calidad de la cama y la ventilación.
En sistemas de crianza en piso, la utilización de corrales puede facilitar la separación de aves según su peso y permitir un manejo más específico de aquellas que presentan retrasos en el desarrollo.
En jaulas también es necesario realizar las ampliaciones correspondientes para garantizar que las aves dispongan del espacio necesario durante las diferentes etapas del levante.
Ventilación y calidad del aire
La ventilación durante las primeras semanas cumple una función fundamental: proporcionar oxígeno y retirar humedad, calor y gases acumulados en el ambiente.
El objetivo es mantener un aire de buena calidad sin generar corrientes que enfríen directamente a las pollitas. Por ello, la ventilación debe ser dinámica y ajustarse a las condiciones ambientales y al comportamiento de las aves.
La acumulación de amoníaco está estrechamente relacionada con la humedad de la cama y una ventilación insuficiente. Mantener la cama seca y garantizar una renovación adecuada del aire contribuye a proteger las vías respiratorias y favorecer mejores condiciones de crianza.
La iluminación también influye en el consumo
Durante la primera semana, una iluminación adecuada ayuda a que las pollitas localicen fácilmente el alimento y el agua. La distribución uniforme de la luz dentro del galpón es importante para evitar que algunas áreas queden menos accesibles y se generen diferencias de consumo.
El programa de iluminación debe establecer períodos de luz y oscuridad. La oscuridad es necesaria para permitir el descanso de las aves, por lo que no se recomienda mantenerlas bajo iluminación continua.
A medida que avanza el levante, el programa puede reducir progresivamente las horas de luz de acuerdo con el objetivo productivo y las recomendaciones correspondientes a la línea genética.
Manejo de la cama
En sistemas de crianza en piso, la cama debe mantenerse seca, absorbente, esponjosa y con bajo nivel de polvo. La presencia de humedad favorece la generación de amoníaco y puede deteriorar las condiciones ambientales del galpón.
Las zonas húmedas y compactadas deben ser manejadas oportunamente y cualquier fuga en los sistemas de agua debe corregirse de inmediato. En jaulas, el correcto funcionamiento de los bebederos es igualmente importante para evitar derrames y acumulación de humedad.
Una adecuada gestión de la cama forma parte tanto del bienestar de las aves como del control de la calidad del aire.
Monitorear el peso permite tomar decisiones a tiempo
El pesaje semanal constituye una herramienta fundamental durante el levante. Comparar el peso real de las aves con los estándares establecidos permite determinar si el lote está siguiendo la trayectoria de crecimiento esperada.
Además del peso promedio, es necesario evaluar la uniformidad del lote. Una buena uniformidad indica que la mayoría de las aves presenta un desarrollo similar y permite anticipar una respuesta más homogénea durante las siguientes etapas.
Cuando se detectan diferencias importantes, la clasificación de las aves por categorías de peso puede facilitar un manejo diferenciado y permitir que las aves más livianas reciban condiciones que favorezcan su recuperación.
La evaluación debe realizarse de manera periódica y no únicamente cuando ya se presenta una desviación importante. El monitoreo temprano permite implementar ajustes en alimentación, espacio, agua, ambiente o manejo antes de que las diferencias se amplíen.
Alcanzar el peso objetivo requiere un manejo integral
No existe un único factor responsable del crecimiento de las pollitas. Alcanzar las metas de peso depende de la interacción entre alimentación, agua, densidad, espacio de comedero y bebedero, iluminación, ventilación, temperatura, calidad de la cama, sanidad y manejo del lote.
Por ello, cuando se presenta una desviación en el peso o la uniformidad, es importante analizar el sistema completo y determinar dónde se encuentra la causa antes de realizar modificaciones.
En definitiva, las primeras semanas constituyen una etapa en la que pequeñas diferencias de manejo pueden tener efectos posteriores sobre el desarrollo de las aves. Una recepción adecuada, acceso oportuno a agua y alimento, condiciones ambientales estables y un monitoreo permanente del peso y la uniformidad permiten construir las bases para una ponedora preparada para expresar su potencial productivo durante la etapa de postura.

