El panorama global de la carne de pollo para 2026 refleja un cambio estructural relevante, marcado por el papel cada vez más dominante de China en el comercio internacional. El país no solo consolida su transición hacia exportador neto —lograda en 2024—, sino que acelera su posicionamiento gracias a un crecimiento sostenido de la producción. Este aumento productivo se fundamenta en factores estructurales como el alto inventario de aves reproductoras, la expansión de grandes integraciones avícolas, el fortalecimiento de la capacidad de procesamiento y el respaldo gubernamental mediante subsidios y políticas de impulso al sector.
A diferencia de esta dinámica productiva, el consumo interno chino crece a un ritmo mucho más lento, condicionado por factores demográficos como el envejecimiento poblacional y una leve contracción de la población total. Además, el consumo per cápita de carne de pollo sigue siendo relativamente bajo en comparación con otras proteínas dentro del país, especialmente frente a la carne de cerdo. Este desbalance entre oferta y demanda genera un excedente estructural que se canaliza hacia los mercados internacionales, fortaleciendo la competitividad exportadora de China, particularmente en segmentos de bajo precio dirigidos a países de ingresos medios y bajos.
En este contexto, las exportaciones chinas continúan expandiéndose con rapidez, tanto en valor como en volumen, impulsadas por una estrategia de diversificación de mercados hacia regiones como Asia, África y Medio Oriente. Este crecimiento no solo le permite superar a competidores tradicionales como Tailandia, sino también ganar protagonismo en el comercio global. Paralelamente, las importaciones chinas disminuyen, reforzando su tendencia hacia una mayor autosuficiencia.
A nivel global, se proyecta que la producción de carne de pollo crezca alrededor de un 3%, alcanzando más de 110 millones de toneladas. Este crecimiento estará liderado principalmente por China y Brasil. En el caso brasileño, la expansión se apoya en una fuerte demanda externa, costos de producción relativamente bajos y una moneda favorable para las exportaciones. Brasil, además, mantiene ventajas estratégicas clave como su estatus sanitario libre de influenza aviar altamente patógena y su capacidad de acceder a mercados de alto valor donde China aún enfrenta restricciones.
Por su parte, otros actores relevantes presentan un crecimiento más moderado. La Unión Europea avanza de forma limitada, condicionada en parte por riesgos sanitarios, mientras que Estados Unidos incrementa su producción, pero enfrenta dificultades para expandir sus exportaciones debido a problemas de competitividad en precios, restricciones comerciales y limitaciones en ciertos mercados clave.
En términos de comercio internacional, las exportaciones globales crecerán de forma moderada, pero con una alta concentración en pocos países. China y Brasil liderarán este crecimiento, intensificando la competencia y reduciendo las oportunidades para otros exportadores tradicionales. En particular, el enfoque de China en volumen y precios bajos introduce una presión adicional en los mercados internacionales, obligando a otros países a diferenciarse mediante calidad, diversificación de productos o acceso a mercados premium.
En conjunto, el escenario de 2026 evidencia una industria avícola global más competitiva, donde la eficiencia productiva, el control de costos y la capacidad de adaptación a las dinámicas del comercio internacional serán determinantes. China emerge como un actor clave no solo por su escala productiva, sino por su capacidad de influir en los precios y en la configuración de los flujos comerciales a nivel mundial.

