Estas son las cinco tendencias definirán la forma de consumir alimentos en 2026, según análisis de Cargill

Cargill dio a conocer los resultados más recientes de su plataforma global TrendTracker, un análisis de comportamiento del consumidor que identifica cinco tendencias que marcarán la manera en que los colombianos y los consumidores de la región elegirán alimentos y bebidas en 2026, en un contexto de mayor conciencia sobre bienestar, valor percibido y experiencias de consumo más completas.

Los estudios del TrendTracker señalan que los cambios en la alimentación no responden únicamente a la aparición de nuevos ingredientes o modas pasajeras, sino a una modificación más profunda en la mentalidad del consumidor. El análisis indica que las personas buscan soluciones que integren bienestar físico, emocional y mental, al tiempo que valoran la conveniencia, la conexión con los productos y beneficios tangibles que justifiquen sus decisiones de compra. En ese escenario, Cargill afirma que continúa trabajando en Colombia para desarrollar soluciones alineadas con estas expectativas y para fortalecer la producción local, particularmente en la industria avícola.

Bienestar y longevidad como ejes de decisión

La primera tendencia identificada por el TrendTracker se centra en la búsqueda de bienestar integral y beneficios reales. Según el análisis, los consumidores están cada vez más informados sobre el impacto de los alimentos en su salud y prestan mayor atención a componentes como la proteína, la fibra y los ingredientes funcionales. Esta preferencia se traduce en una demanda sostenida por productos que ofrezcan aportes nutricionales claros y confiables.

En este contexto, la compañía destaca que su estrategia en Colombia se enfoca en la producción de proteínas de alta calidad bajo estándares elevados de inocuidad, con el objetivo de responder a esta expectativa de bienestar. El énfasis en procesos productivos y controles de calidad se relaciona con la necesidad de generar confianza en un consumidor que evalúa con mayor detalle el origen y las características de los alimentos que consume.

La segunda tendencia está asociada con la longevidad entendida como un estilo de vida. El estudio señala que personas de distintas generaciones, desde la Gen Z hasta los Baby Boomers, adoptan dietas más conscientes que priorizan la calidad de vida, la energía diaria y el bienestar a largo plazo. Esta visión transversal entre edades refleja un cambio en la relación con la alimentación, que deja de ser solo una respuesta inmediata al hambre para convertirse en un componente clave del cuidado personal.

Cargill indica que, frente a esta tendencia, mantiene inversiones en innovación y desarrollo de productos que se adapten a este enfoque, así como en el fortalecimiento de una cadena de suministro más sostenible y responsable en Colombia. Estas acciones buscan responder a una demanda que combina salud, continuidad en el tiempo y prácticas productivas alineadas con nuevas expectativas sociales. Placer, experiencias y exploración sensorial

Valor, eficiencia y competitividad productiva

La quinta tendencia identificada por el TrendTracker se vincula con la redefinición del valor en un entorno económico desafiante. El análisis indica que los consumidores evalúan el valor no solo en función del precio, sino de los beneficios que reciben a cambio, como calidad, nutrición, experiencia y accesibilidad. En este contexto, los productos que logran integrar estos elementos ganan relevancia en las decisiones de compra.

Hay que estar pendientes del desempeño de los alimentos en la inflación.

Según la compañía, la inversión en Santander y el fortalecimiento de sus operaciones en Colombia responden a esta lógica, al buscar una mayor eficiencia productiva que permita reducir costos, aumentar volúmenes y ampliar el acceso a alimentos de alta calidad. Estas iniciativas se enmarcan en una estrategia orientada a mejorar la competitividad de la industria nacional y a responder a las exigencias de un consumidor más selectivo.

Durante 2025, Cargill avanzó en proyectos que incluyen la exportación de pollo a Japón, la inversión en infraestructura local y el impulso a la industria avícola colombiana. Estos desarrollos se relacionan con el objetivo de consolidar al país como un proveedor confiable en mercados internacionales de alta exigencia, al tiempo que se fortalece la producción interna y la generación de empleo.

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