Estrés comportamental: El enemigo silencioso y poco valorado

En la producción moderna de huevo, el desempeño de las gallinas no depende únicamente de la genética y la nutrición. El manejo de los eventos que generan estrés también puede influir en la adaptación de las aves, el consumo de alimento y el comportamiento productivo, especialmente durante etapas de transición como el traslado de las pollitas al galpón de postura.

El estrés es una respuesta fisiológica del organismo frente a situaciones que pueden alterar su equilibrio. En avicultura puede presentarse por diferentes causas, entre ellas factores físicos, fisiológicos y comportamentales. Dentro de estos últimos se encuentran actividades habituales de la producción como la manipulación, los traslados, las reagrupaciones, las vacunaciones, los cambios de ambiente, los nuevos sonidos o determinadas condiciones de alojamiento.

Aunque estos eventos hacen parte de la dinámica normal de una granja, es importante identificar cómo responde cada lote y establecer estrategias de manejo que favorezcan una adecuada adaptación. Cuando las aves enfrentan situaciones de estrés, pueden presentarse cambios en el consumo de alimento, comportamiento, respuesta inmunológica y utilización de nutrientes, factores que pueden terminar reflejándose en el desempeño zootécnico.

El traslado: un momento importante en la adaptación de las aves

Uno de los momentos de mayor interés en la postura comercial es el traslado de las pollitas desde el área de recría hacia el galpón de producción. Esta etapa implica cambios en el ambiente, instalaciones, ubicación, interacción con el personal y, en algunos casos, disponibilidad y distribución de alimento y agua.

Un estudio realizado en una granja comercial de Perú evaluó aproximadamente 12.500 pollitas Lohmann Brown-Classic de 17 semanas, divididas entre un grupo control y un grupo suplementado con una estrategia nutricional basada en Melissa officinalis y magnesio. La suplementación se realizó durante los tres días previos y posteriores al traslado, evaluando posteriormente diferentes parámetros productivos.

De acuerdo con los resultados reportados, las aves suplementadas presentaron un mayor consumo de alimento después del traslado frente al grupo control. Esta recuperación del consumo estuvo acompañada por diferencias en la producción de huevos durante las semanas posteriores, alcanzando, según el estudio, 70,3 % frente a 64,7 % de postura en la semana 21 y una diferencia acumulada de 1.240 huevos por cada 1.000 aves durante el período evaluado.

Estos resultados muestran la importancia de prestar atención a la adaptación de las aves durante las primeras semanas de postura. Sin embargo, deben interpretarse dentro de las condiciones específicas del ensayo y no como una respuesta universal para todos los sistemas productivos.

El manejo debe partir de la causa del estrés

Uno de los principales puntos planteados en el artículo es que no todos los episodios de estrés tienen el mismo origen ni requieren necesariamente la misma estrategia. Por esta razón, antes de implementar una herramienta nutricional o de manejo es importante determinar qué está generando la respuesta de estrés y cómo está afectando al lote.

En una granja de postura, por ejemplo, una disminución del consumo después de un traslado puede estar relacionada con múltiples factores: adaptación al nuevo ambiente, acceso a comederos y bebederos, temperatura, calidad del agua, densidad, distribución del alimento, iluminación o condiciones generales del galpón.

Esto hace que el diagnóstico en campo sea fundamental. El seguimiento del consumo, peso corporal, uniformidad, producción de huevo, comportamiento y mortalidad permite identificar desviaciones y determinar si existe una relación con algún evento de manejo.

El estrés y la productividad están relacionados

Una adecuada adaptación durante el inicio de la postura puede contribuir a que las aves alcancen de manera más estable su potencial productivo. Cuando el consumo de alimento se recupera rápidamente después de un evento de manejo, las aves tienen mejores posibilidades de disponer de los nutrientes necesarios para continuar su desarrollo y sostener la producción.

Por el contrario, una reducción prolongada del consumo puede afectar el balance nutricional y generar consecuencias sobre el peso corporal, el inicio de postura y la uniformidad del lote.

En este sentido, el manejo del estrés comportamental debe entenderse como una parte de una estrategia integral de producción, y no como una acción independiente. La calidad de la recría, la uniformidad, la transición nutricional, el acceso permanente a agua y alimento y unas condiciones ambientales adecuadas siguen siendo elementos fundamentales.

También aplica al pollo de engorde

El artículo señala que las estrategias para favorecer la adaptación frente a determinados eventos de manejo también han sido evaluadas en pollo de engorde. En estos sistemas, actividades como la captura y el traslado pueden representar momentos de especial atención debido a la manipulación de las aves.

Según la experiencia presentada, la suplementación previa a la captura estuvo asociada con una menor incidencia de lesiones de canal. Este tipo de resultados refuerza la importancia de considerar el manejo previo al transporte dentro de los programas de bienestar y calidad del producto.

Una visión integral desde la granja

Para la producción avícola, comprender el estrés comportamental permite ampliar el análisis de aquellos factores que pueden influir en los resultados productivos. No siempre una disminución del consumo, un retraso en el inicio de postura o una falta de uniformidad debe atribuirse exclusivamente a la alimentación o al ambiente.

Los eventos de manejo también deben formar parte del diagnóstico. Traslados, reagrupaciones, vacunaciones, cambios de instalaciones y otras actividades rutinarias requieren planificación para reducir perturbaciones innecesarias y facilitar la adaptación de las aves.

En consecuencia, la prevención comienza con una buena preparación del lote y del personal. Garantizar disponibilidad de agua y alimento, mantener condiciones ambientales apropiadas, reducir manipulaciones innecesarias y realizar los procedimientos de manera organizada son acciones que pueden contribuir a disminuir el impacto de estos eventos.

El uso de herramientas nutricionales específicas puede complementar estas estrategias cuando exista una justificación técnica y cuando su eficacia haya sido evaluada bajo condiciones apropiadas.

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