La enfermedad del hígado punteado, conocida internacionalmente como Spotty Liver Disease, se ha convertido en uno de los desafíos sanitarios emergentes más relevantes en la producción de gallinas de postura. Aunque fue descrita hace varias décadas, en los últimos años ha cobrado mayor importancia debido a su impacto sobre la productividad y la persistencia de los brotes en distintos sistemas de producción avícola.
El agente responsable es Campylobacter hepaticus, una bacteria con afinidad por el hígado que puede afectar principalmente a gallinas en etapas cercanas al pico de producción. Su presencia puede generar disminución en la postura, incremento de la mortalidad y pérdidas económicas importantes para las granjas.
Uno de los aspectos más relevantes de esta enfermedad es que su aparición no depende únicamente de la presencia de la bacteria, sino también de diferentes factores predisponentes relacionados con el estrés, los cambios fisiológicos de la etapa de postura y el equilibrio de la salud intestinal.
Especialistas señalan que el microorganismo puede alojarse en el tracto digestivo semanas antes de que aparezcan los signos clínicos, especialmente en los ciegos intestinales. Por esta razón, las estrategias actuales de prevención están enfocadas en mantener una microbiota intestinal estable y reducir los factores que favorecen el desequilibrio intestinal.
Los signos clínicos suelen ser poco específicos y, en muchos casos, las aves pueden presentar caídas en producción o mortalidad repentina sin síntomas evidentes previos. Durante las necropsias, una de las lesiones más características es la presencia de un hígado agrandado y con pequeñas lesiones puntiformes rojizas y blanquecinas.
Actualmente, el diagnóstico puede realizarse mediante cultivo bacteriológico o técnicas moleculares como PCR, las cuales permiten una identificación más rápida y precisa del agente.
Frente a este desafío, las estrategias de control han evolucionado hacia un enfoque integral que combina manejo, bioseguridad, control de vectores y fortalecimiento de la salud intestinal. Entre las herramientas más utilizadas destacan los ácidos orgánicos, probióticos, prebióticos y otros aditivos nutricionales orientados a mejorar el ambiente intestinal y reducir la proliferación bacteriana.
Experiencias de campo en granjas comerciales han demostrado que programas enfocados en integridad intestinal, acompañados de mejoras en manejo y control sanitario, pueden contribuir a disminuir la mortalidad y mantener una mejor estabilidad productiva durante el pico de postura.
Asimismo, el control de vectores como escarabajos y moscas cobra especial relevancia, ya que estos pueden participar en la diseminación de la bacteria dentro de las granjas.
La aparición de enfermedades emergentes como el hígado punteado refuerza la importancia de comprender la producción avícola desde un enfoque preventivo e integral, donde nutrición, manejo, bioseguridad y salud intestinal trabajen de manera conjunta para proteger el bienestar y el desempeño de las aves.

