La ONU advierte que la crisis del agua ya es irreversible en muchos lugares del mundo

El mundo ha entrado en una nueva etapa en su relación con el agua. Así lo advierte un reciente informe de Naciones Unidas, que sostiene que ya no se trata de una crisis temporal ni de episodios aislados de escasez, sino de una condición estructural denominada “bancarrota hídrica global”. El reporte, titulado Quiebra mundial del agua: vivir por encima de nuestros medios hidrológicos en la era posterior a la crisis, describe un escenario marcado por la sobreexplotación crónica de aguas subterráneas, la degradación de suelos y ecosistemas, la deforestación, la contaminación y el calentamiento global.

El diagnóstico del informe es contundente: conceptos como “estrés hídrico” o “crisis del agua” ya no son suficientes para describir la situación actual de muchas regiones del planeta. En su lugar, se propone el término “bancarrota”, entendido como un estado posterior a la crisis, caracterizado por pérdidas irreversibles de capital natural y por la imposibilidad de regresar a los niveles históricos de disponibilidad de agua. “Muchas regiones están viviendo por encima de sus medios hidrológicos, y muchos sistemas hídricos críticos ya están en bancarrota”, afirma Kaveh Madani, autor principal del informe y director del Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH).

El reporte se publica en un contexto clave, previo a una reunión de alto nivel en Dakar, Senegal, preparatoria para la Conferencia de la ONU sobre el Agua de 2026. Si bien no todos los países o cuencas se encuentran en bancarrota hídrica, el informe advierte que un número suficiente de sistemas críticos en todo el mundo ya ha cruzado estos límites, generando una condición de riesgo a escala global. Además, estos sistemas están interconectados a través del comercio, la migración, las dinámicas climáticas y las dependencias geopolíticas, lo que amplifica sus impactos.

El documento destaca cuatro ideas centrales: la imposibilidad de proteger el agua si se daña el ciclo hidrológico, el clima y el capital natural; el carácter transfronterizo del agua, que puede convertirse en un puente de cooperación; la necesidad de entender la inversión en agua como una inversión en mitigación climática, biodiversidad y lucha contra la desertificación; y el potencial del agua como eje para reactivar negociaciones internacionales actualmente estancadas.

A partir de bases de datos globales y evidencia científica reciente, el informe presenta un panorama estadístico alarmante. La mitad de los grandes lagos del mundo ha perdido agua desde principios de la década de 1990, afectando directamente a una cuarta parte de la población mundial. Cerca del 50 % del agua doméstica y más del 40 % del agua de riego provienen de acuíferos que se están drenando de manera sostenida, y siete de cada diez grandes acuíferos muestran descensos de largo plazo.

En los últimos 50 años, el planeta ha perdido aproximadamente 410 millones de hectáreas de humedales naturales, una superficie comparable a la de la Unión Europea. Más del 30 % de la masa glaciar global ha desaparecido desde 1970, y numerosos ríos ya no alcanzan el mar durante parte del año. Las consecuencias humanas son profundas: el 75 % de la población mundial vive en países hídricamente inseguros, cerca de 4.000 millones de personas enfrentan escasez severa de agua al menos un mes al año y alrededor de 2.000 millones habitan zonas donde el suelo se hunde debido al agotamiento de acuíferos.

El informe insiste en que la bancarrota hídrica no depende de si una región es húmeda o seca en apariencia, sino del equilibrio entre extracción, recarga y sostenibilidad a largo plazo. Frente a este escenario, Naciones Unidas llama a un reinicio de la agenda global del agua, que vaya más allá de la gestión de crisis y reconozca la necesidad de prevenir nuevas pérdidas irreversibles, reequilibrar derechos de uso y transformar sectores intensivos en agua como la agricultura y la industria. Lejos de ser un mensaje de resignación, el reporte plantea la bancarrota hídrica como un punto de partida para tomar decisiones difíciles que permitan proteger a las personas, las economías y los ecosistemas dentro de nuevos límites hidrológicos.

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