Durante la primera semana de vida, los pollos de engorde atraviesan profundos cambios fisiológicos y metabólicos que comienzan incluso antes de la eclosión. En este período se desarrolla de manera acelerada el tracto gastrointestinal, el sistema inmunológico y la base de la estructura muscular, factores que influyen directamente en los requerimientos nutricionales iniciales y en el desempeño productivo posterior.
Al nacer, el pollito pasa de una condición embrionaria en la que su fuente energética principal proviene de la grasa de la yema y la proteína de la clara, a un sistema digestivo que debe adaptarse rápidamente a dietas basadas en almidón —especialmente del maíz— y proteínas de diferentes orígenes y digestibilidades. Esta transición nutricional, sumada a la limitada capacidad digestiva inicial, hace que la calidad de la dieta durante la primera semana sea determinante para el desarrollo adecuado del ave.
Consumo de alimento y agua
Uno de los principales desafíos de la primera semana es lograr que los pollitos aprendan a consumir rápidamente agua y alimento. El consumo de agua es fundamental, ya que las aves producen poca saliva y dependen del agua para ingerir alimento; de allí el concepto de que “los pollos comen porque beben”. La relación consumo de agua: alimento debe mantenerse alrededor de 2:1 desde el primer día de vida.
La estructura física del alimento también juega un papel clave. Los pollitos prefieren partículas más gruesas, las cuales estimulan los mecanorreceptores del pico y favorecen un mayor consumo. Estudios han demostrado que el aumento del tamaño de partícula en dietas de pre-iniciación mejora la energía metabolizable, la retención de nitrógeno y de materia seca.
Calidad de los ingredientes
La calidad de los ingredientes es un factor crítico en la nutrición del pollito durante la primera semana. Dietas formuladas con ingredientes de alta digestibilidad permiten un mejor aprovechamiento de los nutrientes y evitan retrasos en el crecimiento y des uniformidad de los lotes. Retrasos en el alojamiento o ayunos tempranos se asocian con menor ganancia de peso y mayor mortalidad.
Entre los ingredientes más utilizados en América se encuentran el maíz, la harina de soja, la harina de gluten de maíz y la harina de carne, que aportan la energía y proteína necesarias en las dietas pre iniciales.
Respecto a las grasas, además de la calidad, es importante considerar su tipo. Los pollitos jóvenes digieren con menor eficiencia las grasas saturadas debido a la baja actividad de la lipasa y a una menor formación de micelas. Estudios han demostrado que, durante la primera semana, el aumento del nivel de grasa en la dieta no necesariamente mejora la ganancia de peso ni la conversión alimenticia.
Agua, proteína y aminoácidos
El agua debe considerarse un nutriente esencial. Su consumo está directamente relacionado con el consumo de alimento y la ganancia de peso. Deficiencias en cantidad, calidad o temperatura del agua afectan negativamente el desarrollo intestinal, incluyendo las vellosidades duodenales.
La proteína y los aminoácidos cumplen un rol central en esta etapa. Dietas con proteínas de alta digestibilidad han demostrado mejorar significativamente la ganancia de peso en los primeros 4 a 7 días. Aminoácidos como lisina, metionina y leucina están estrechamente ligados al desarrollo del músculo de pechuga, la activación génica, la protección antioxidante y la proliferación de células satélite.
Minerales
El equilibrio mineral es especialmente importante durante la primera semana. La relación entre calcio y fósforo disponible debe mantenerse cercana a 2:1. Excesos de calcio, aun respetando esta relación, pueden disminuir la ganancia de peso.
El sodio es otro mineral clave, ya que participa en los mecanismos de transporte de glucosa y aminoácidos. Deficiencias marginales de sodio en esta fase se asocian con pérdida de peso, peor conversión alimenticia y mayor des uniformidad de los lotes. Aunque la reducción de sodio suele utilizarse para controlar la humedad de la cama, niveles inadecuados pueden comprometer seriamente el desempeño productivo. Estudios demuestran que una adecuada suplementación de sodio en dietas pre iniciales mejora el rendimiento sin afectar negativamente la humedad de las excretas ni de las canales.

