La calidad del cascarón se ha convertido en uno de los principales retos para las granjas de postura en 2026, debido al aumento de huevos con cáscaras débiles o frágiles que afectan directamente la rentabilidad de la producción. Especialistas del sector avícola señalan que este problema no depende de una sola causa, sino de la interacción entre nutrición, salud intestinal, manejo y ambiente dentro de la granja.
Entre los factores más asociados se encuentran deficiencias de calcio, fósforo y vitamina D3, baja absorción de minerales, estrés térmico, problemas digestivos y la edad avanzada de las aves. Cuando alguno de estos elementos se altera, la formación del cascarón pierde calidad y se incrementa el riesgo de roturas durante la recolección, clasificación y transporte del huevo.
Además del impacto económico, los problemas de cascarón también funcionan como un indicador del estado general del sistema productivo. Técnicos avícolas explican que un cascarón deficiente suele reflejar desequilibrios nutricionales, dificultades en la salud intestinal o fallas en el manejo ambiental, especialmente en sistemas intensivos donde las aves están más expuestas al estrés.
Frente a este panorama, las recomendaciones actuales se enfocan en fortalecer la nutrición mineral, optimizar los programas de alimentación y mantener un monitoreo constante de la salud digestiva de las gallinas. También se destaca la importancia de controlar la temperatura, garantizar una adecuada calidad de agua y evaluar periódicamente el desempeño de los lotes para detectar cambios tempranos en la calidad del huevo.
El sector avícola considera que la prevención seguirá siendo la herramienta más importante para mantener la productividad y la calidad comercial del huevo. En un contexto donde pequeños cambios pueden generar grandes pérdidas, la combinación entre manejo técnico, nutrición balanceada y bienestar animal será clave para mejorar la eficiencia de las granjas durante los próximos años.

