En las últimas décadas, el mejoramiento intensivo de los programas genéticos ha permitido que los pollos de engorde se conviertan en convertidores de alimento cada vez más eficientes, transformando la nutrición en masa muscular de manera superior a sus predecesores. Paralelamente, se ha afinado la estimación de los requerimientos nutricionales del pollo para maximizar su potencial genético en el menor tiempo posible. Así, las líneas modernas de pollo poseen la capacidad de digerir el alimento de manera más eficaz y absorber los nutrientes necesarios para alcanzar su máximo crecimiento (Mahmood y Guo, 2020).



















